20 de noviembre de 2013

El juego

No, no, no, no, no, ¡no te cierres! Maldito ascensor, ¡están a punto de pillarme! Ya está: escapo escaleras arriba, seguro que me da tiempo. Los oigo, ya están todos cerca. Soy la única que queda viva. Arriba que voy.
1, 2, 3, 4... me detengo un momento para mirar por el hueco y veo que se han parado desconcertados. Levantan la cabeza y me escondo rápidamente, pero sé que se han dado cuenta, así que sigo subiendo mientras oigo el temeroso sonido de una horda de pies.
5, 6, 7... casi sin aliento me vuelvo a asomar: están en la quinta planta, tan sólo me quedan cuatro pisos para mi fin y el arma se me ha descargado por completo.
8, 9, 10, 11... Ya está, no puedo subir más. Miro a mi alrededor buscando una solución. La puerta a la azotea está cerrada y no hay ningún sitio donde esconderse, pero da igual,  ya me han alcanzado. 
Se quedan quietos en la escalera, observándome con una sonrisa triunfante y unos ojos centelleantes. Como para evitar que me evapore y me libre de mi fatal destino, fueron rodeándome poco a poco. Levantaron las armas y, gritando, me dispararon sin piedad.
Recuerdo que mi madre me había pedido que no viniese, que me iban a hacer daño por ser la una chica, pero yo le contesté:
"No, mamá, quiero jugar al pilla-pilla de pistolas de agua".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Comenta! Mi blog tiene mucha hambre y ¡sólo se alimenta de comentarios!