28 de agosto de 2014

Todo el mundo es un ave Fénix

Atrapada entre dos mundos, Annie no sabía cómo escapar del limbo; quería llegar hasta su futuro pero su pasado se había pegado a ella como el chapapote en las playas de Galicia. Era un pájaro con petróleo en sus alas. 
Annie sabía cuál era el problema, pero no se quitaba con un poco de agua y jabón, y menos aún cuando la sucia marea nunca bajaba. Tenía que llegar a una playa limpia y mantenerse en remojo, dejando que poco a poco el blanco de sus plumas volviera a aparecer. 
Sin embargo, llevaba demasiado tiempo manchada y se había olvidado de cómo era en realidad. Había muerto en combate, en su lucha, y ahora tenía miedo de no poder resurgir de entre sus cenizas. Tiempo al tiempo, se repetía, pero a Annie nunca le ha gustado esperar. 
"Al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna".

27 de agosto de 2014

Pez

Quieto 1 2 28 40 50 80 81 49 1.000 3.460 1.000.000 comida gira 4 8 14 2.460 70 50 70 hambre agua mueve mueve mueve rápido gira para sube comida abre cierra traga baja quieto 1 2 3 8 9 14 27...

21 de abril de 2014

Error humano

Llevaba ya un rato corriendo en círculos para intentar huir de su fatal destino. Intentaba orientarse por el olfato pero una y otra vez veía el mismo árbol caído, una y otra vez saltaba a sus compañeros muertos, una y otra vez la madriguera de la que había salido despavorido... allá donde iba los candentes muros le prohibían el paso, sintió cómo el pelo le abrasaba y se fundía con la piel cuando saltaba sobre un ciervo; tropezó y rodó hasta chocar con una roca.
Jadeaba de dolor intentando alargar el último aliento que le quedaba, viendo cómo caían las estrellas del cielo y se apagaban en el charco de su sangre. Quería mover sus patas, levantarse e irse antes de que el monstruo le atrapare, pero ya no sentía nada en todo el cuerpo, tan sólo los pulmones consumiéndose por el humo.
Una pequeña hoja, manchada de ardiente rojo, revoloteó alrededor suya, al mismo tiempo que su corazón, se iba parando...

Al día siguiente, todos los periódicos hablaban del loco que quemó los cerros; lo atraparon rápido, igual que el fuego al crecer, no como los animales al morir.   

19 de marzo de 2014

Inesperado

Empezó a toser y su madre le dio un pañuelo rápidamente, cuando se lo fue a devolver la sangre lo inundaba todo; alarmada fue a llamar al médico mientras él volvía a tener otro ataque, pero en seguida vino todo el equipo cuando sus pulsaciones sobrepasaron el límite. Asustada se quedó llorando en una esquina mientras veía a su hijo rodeado de extraños que intentaban volver a salvarlo; gritaban, se movían, entraban, salían, quitaban y ponían, pero sin éxito; al final, un largo pitido inundó la enferma habitación verde. 
Llevaba ya media hora tumbado en la cama, con el despertador interrumpiendo sus pensamientos cada diez minutos. Han pasado muchos meses desde que se le ocurrió la idea, pero había demasiados factores que frenaban su decisión: dejarlo o no dejarlo. Se levantó dispuesto a mandar a tomar por culo a su jefe, echándole el discurso de su vida, rompiéndole alguna cosa del despacho y saliendo con un portazo como punto final. 
Lo que no se esperaba era que un hombre se durmiese al volante y provocase que un camión volcase justo encima de él mientras aparcaba a la puerta de su trabajo, ni que tuviese la suerte de sobrevivir, ni ver a su madre día tras día a su lado, ni sentir cómo los pulmones se le hinchaban, ni ver su sangre en un pañuelo, ni quedar profundamente dormido después de un ataque de tos.

3 de febrero de 2014

Desvaríos de clase

Qué horror de exposiciones, con lo tranquila que podría estar yo en casa estudiando el examen de mañana, aquí deberían ir unos puntos suspensivos, y aquí otros, maldito monólogo interior, qué raro se me hace escribir sin puntuaciones eeeeeeh, qué pesado con la muletilla, sino la dice en cada frase revienta, qué hambre parece que llevo casi un mes con un agujero negro en el estómago, física, qué ganas de volver a dar ciencias, no entiendo por qué es tan raro que me gustan, cómo se llamaba este chico era un nombre gracioso, gracioso va a ser el examen de mañana, qué gracia el acento de esta chica, como Bonifacio ese nombre sí que es ridículo, Bonifacio, no me cansaría de repetirlo todo el día, siempre me imagino a un hombre gordo bajito del monte gritando ¡yehe! a las cabras, Bonifacio, y ahora la canción de Hércules en la cabeza, maldita Eny, no sé para qué le dejo que me la escriba, y aun así no me sé la letra qué coñazo de exposición, ya le podrían poner un poco más de ganas, qué aburrimiento y qué hambre, ¡quiero mi lasaña! y ¡mis signos de puntuación!

Infortunio

Oh, cariño, no te vas a creer lo que me ha pasado hoy:
Sé que sólo llevaba con ella un año y medio, pero la quería como si hubiese estado conmigo toda una visa. Pasó en un abrir y cerrar de ojos: Iba corriendo con ella, llegábamos tarde, como siempre; oí un sonido sordo pero estaba preocupada en cruzar al otro lado. Se cayó. Cayó por mi culpa, no la llevaba bien agarrada. Sí, cariño, fue fallo mio, no intentes consolarme. Justo cuando me di la vuelta para mirarla un coche pasó por encima suya y ¡la destrozó por completo! ¡Como si fuese una hormiga! Los coches siguieron atravesando la carretera, machacándola y convirtiéndola en añicos, se ensañaron con ella sin siquiera darse cuenta de que estaba ahí... ¡Murió! Y todo por mi culpa... ¡Mi cámara, mi pobre cámara!

15 de diciembre de 2013

Tan lejos y tan cerca

Al lápiz le queda poca mina y yo estoy a punto de morir. los ojos se me cierran; el cansancio de la vida. Tras un día agotador, sólo mi cama se cruza por mi mente: tumbarme en ella e ir a la deriva. Pero aún me asalta el remordimiento, una gota pequeña que me chilla que algo está mal, que todavía no es mi hora; pero me pesan, mis párpados caen una y otra vez. 
Miro su cuello liso, e inmediatamente vislumbro el resto de su rostro: su boca menuda, su nariz respingona, sus finas cejas, su frente despejada, sus intensos ojos marrones... No hace falta que se gire, pues llevo grabado en mi mente todo su ser; no hace falta que me hable, pues recuerdo todas sus palabras; hace falta que me toque, pues todavía no he conseguido sentir el tacto de su seda... 
Parece que el trazo aguanta, pero no me va a durar mucho más. Ya tengo lo que quería:
Le he robado un instante de su vida, que guardaré entre otros papeles que la atrapan en el tiempo. 
Socorro, apenas es legible lo que escribo y ya no aguanto más la mirada... Si al menos pudiese tocarla... 



3 de diciembre de 2013

Espíritu perdido


Le vio allí de pie, de espaldas, al borde del precipicio, observando, con su porte burgués, la inmensidad de las nubes. 
Se acercó a él, casi se pegó a su espalda, aspiró su olor... pero él ni se inmutó; siguió contemplando su soledad en la naturaleza, ignorando el espíritu de su amada. 
Ella gritó; él dejó caer una lágrima. 

20 de noviembre de 2013

El juego

No, no, no, no, no, ¡no te cierres! Maldito ascensor, ¡están a punto de pillarme! Ya está: escapo escaleras arriba, seguro que me da tiempo. Los oigo, ya están todos cerca. Soy la única que queda viva. Arriba que voy.
1, 2, 3, 4... me detengo un momento para mirar por el hueco y veo que se han parado desconcertados. Levantan la cabeza y me escondo rápidamente, pero sé que se han dado cuenta, así que sigo subiendo mientras oigo el temeroso sonido de una horda de pies.
5, 6, 7... casi sin aliento me vuelvo a asomar: están en la quinta planta, tan sólo me quedan cuatro pisos para mi fin y el arma se me ha descargado por completo.
8, 9, 10, 11... Ya está, no puedo subir más. Miro a mi alrededor buscando una solución. La puerta a la azotea está cerrada y no hay ningún sitio donde esconderse, pero da igual,  ya me han alcanzado. 
Se quedan quietos en la escalera, observándome con una sonrisa triunfante y unos ojos centelleantes. Como para evitar que me evapore y me libre de mi fatal destino, fueron rodeándome poco a poco. Levantaron las armas y, gritando, me dispararon sin piedad.
Recuerdo que mi madre me había pedido que no viniese, que me iban a hacer daño por ser la una chica, pero yo le contesté:
"No, mamá, quiero jugar al pilla-pilla de pistolas de agua".

11 de noviembre de 2013

Un recuerdo

3 de Noviembre de 1999, 22:10.
Hoy no ha sido tan fuerte, no han gritado mucho, quizás se estén arreglando las cosas. Odio que se peleen.


24 de Diciembre, 21:05.
¡Mañana es Navidad! Y sé que vendrá, porque se lo he pedido ha papá Noel como regalo, así que tiene que venir, además les he oído discutir por teléfono, quizás haya tenido algún problema con el coche o haga mal tiempo y vaya a llegar más tarde.


26 de Diciembre, 21:50.
No ha venido, oí que mami hablaba con él por teléfono, seguro que está tardando más de lo que pensaba en el viaje. Pero lo hará para Reyes, porque a ellos también se lo  he pedido.


4 de Junio de 2001, 17:30.
Llevo semanas sin verle, antes le veía cada dos fines de semana, pero creo que ya ha pasado un mes. ¿Es que ya no me quiere? 
Mary, mi nueva niñera, vendrá dentro de poco y mami se irá a trabajar. No quiero estar con esa desconocida. 


11 de Agosto de 2013, 23:20.
Hoy encontré uno de mis viejos diarios en casa de mamá; no sabía que siguiese guardando esas cosas. Abrí una página al azar y me costó reconocer sobre qué había escrito; no me di cuenta hasta pasadas unas páginas de que estaba hablando sobre el divorcio de mis padres. Es curioso, recuerdo que había empezado ese diario hacía poco y, hasta Navidad, he leído con añoranza mi vida en primaria pero después apenas escribo nada alegre y sólo menciono ese tema. De hecho, poco después dejé el diario. Nunca me di cuenta cómo me había afectado la separación, y ahora se ha abierto un poco la herida. Supongo que ese tipo de cosas es mejor dejarlas cogiendo polvo en un baúl del desván.

4 de noviembre de 2013

Carta a una amiga

Querida Dana, 
Te echo muchísimo de menos, no me sale nada bien y es porque te has ido: mis medias favoritas se han roto, ¿te acuerdas de ellas?, esas que decías que me las ibas a robar, lo malo es que ahora no las encuentro. El móvil se me perdió, creo que me lo dejé en clase, pero ha desaparecido... ¡si hubieses estado conmigo esto no me habría pasado! El profesor de gimnasia me ha suspendido con un cuatro y dice que lo hace para que me esfuerce más en el segundo trimestre, no se da cuenta de que a mí el deporte no me sirve para nada y que sudar es asqueroso, además el chándal del colegio es tan feo... Encima, este año ha decidido ponernos un examen teórico, como si no tuviésemos ya suficiente con el resto de asignaturas. Que esas son otro rollo, se creen que tenemos tiempo para ellos, como si no hiciésemos nada en casa... el de matemáticas, por ejemplo, ha decidido que nos va a poner un examen todos los viernes. ¡Dana, tienes que volver ya! Lo único bueno que me ha pasado desde que te fuiste es que, Pablo, ¿el chico de cuarto?, parece que se ha dado cuenta de que existo y creo que me pedirá salir dentro de poco. 

Un beso y un abrazo muy fuerte. 

PD: ¡Vuelve ya! 


Respuesta: 

Querida alumna de tercero, 
Entiendo que eches de menos a tu amiga, de las dos, era la única que tenía los pies en la tierra. Si se te han roto tus medias favoritas y no las encuentras, no es un dramón, si te pasa como con los chicos, encontrarás unas perfectas dentro de una semana. Si suspendes en clases es porque no levantas la cabeza del pupitre ni el culo del asiento, que entiendo que quieras tener la mesa limpia, pero restregar las babas no es el mejor método. Los exámenes, independientemente de qué asignatura sean, sirven para ver lo impoluta que no dejas la mesa: cuanto más sucia esté, más nota sacarás. En cuanto a correr, sudar, moverse, parecer persona en las clases de educación física, tal como indica su nombre, implica el cuerpo, todo él, por lo que es normal que también tengas que poner en funcionamiento tu cerebro con unos pobres exámenes tipo test, y si no te gusta, te aguantas, cuando se te terminen de fundir los tobillos con los pies, tendrás excusa para no asistir a esa clase. 

Atentamente, Tu profesor de gimnasia 

PD: No te recomiendo que salgas con ese chico de cuarto, tiene ocho años más que tú.

26 de octubre de 2013

Ñam

La apacible ciudad despertaba mientras yo me preparaba para salir esa noche. No tardé mucho y decidí dar un paseo después de cenar hasta el lugar donde había quedado con mis amigos. Quedé fascinado: los coches dejaban estelas tras de sí, las luces de los luminosos carteles me deslumbraban y los sonidos y gritos de la gente me desorientaban y abrumaban. Era tarde, muy tarde, pero el tiempo no era capaz de frenar la locura de la noche. 
Estaba observando un cartel de neón rosa que decía "Naughty but nice", preguntándome qué significaría aquello, cuando oí que me llamaban, me giré buscando a quien gritaba mi nombre una y otra vez pero me olvidé de ello cuando vi las desnudas y largas piernas de una chica, apoyada sobre la esquina de la calle, fumándose un cigarro. Era una preciosidad, estrafalaria, toda de rojo, con los hombros totalmente descubiertos, la cara muy pintada y enseñando el sujetador, pero maravillosa. Sin quererlo me fui acercando a ella, atraído por sus sinuosas curvas y su exagerado escote, pero cuando ya estaba casi a su lado un hombre se aproximó a ella y empezaron a discutir. Me di prisa por llegar y separar a ese gorila de ahí, pero en menos de dos segundos él sacó una navaja y, sin dificultad ni duda, se la clavó en el estómago. 
Mientras todo el mundo se alejaba corriendo, yo acudí en su ayuda. Ya se había formado un charco de sangre en el suelo y la pobre ni siquiera se quejaba. Nada más tocarla, asustada, se arrastró huyendo de mí hacia el callejón. Sin saber por qué renegaba de mi ayuda intenté seguirla, pero mis amigos ya me habían alcanzado e insistían en que la dejase. Vi cómo la chica sacaba el móvil de su pequeño bolso y hacía una llamada, en ese momento pude comprender que la ciudad no era un sitio para mí. 
Era una jungla llena de plantas carnívoras. 

25 de octubre de 2013

Los tres adictos

Los tres hermanos Jackson acababan de terminar el instituto y ardían en deseos de comenzar su nueva vida de universitarios, lejos de sus padres. Todo ese curso habían estado buscando el lugar perfecto para poder vivir los tres, pero en ninguno de los casos consiguieron un piso para ellos, por lo que decidieron vivir en la misma ciudad pero en casas distintas. Desde el primer momento sus personalidades afectaron a su forma de vida: el pequeño adicto a la juerga (lo que le llevó a la droga), el mediano a la pereza (borracho empedernido) y el mayor al trabajo (trabajólico). No había término medio. Además, la responsabilidad del mayor junto con sus sermones aumentaban las otras cualidades de sus hermanos. Sin embargo tras meses de constantes riñas de uno y burlas de otros llegó el momento en el que el mayor se deleitaría de su adicción:
El timbre de la puerta no paraba de sonar al mismo tiempo que alguien aporreaba la puerta a las seis de la mañana, gruñendo se dirigió a la puerta pero nada más abrir una rendija ésta le dio en las narices, dejando entrar dos fugaces sombras que cerraron tras de sí y se dejaron caer jadeantes sobre el suelo. En un principio supuso que eran sus dos hermanos pequeños que habían salido de fiesta y se habían emborrachado y colocado hasta las cejas, pero cuando les miró a la cara no estaba tan seguro de ello: tenían la ropa y la cara manchados de sangre seca, al pequeño todavía le estaba chorreando la nariz, y sus agraciados rostros ahora estaban teñidos de morado, verde, azul y amarillo. Aquello parecía una mezcla entre un Jackson Pollock y un Picasso. Lo lógico sería que el mayor se compadeciese de sus hermanos y les ayudase a reponerse pero, siendo como era, lo único que le salió de la boca fue un despectivo insulto hacia su propia madre y recolocándose el pijama se fue directo a la cama.
A la mañana siguiente no había cambiado mucho la cosa: sus hermanos seguían con la cara igual de pintoresca, aunque se habían limpiado la sangre y quitado las sucias ropas, pero debían de ir tan puestos la noche anterior que cuando el mayor les levantó apenas se acordaban de lo que había pasado. Sin embargo, alguien empezó a aporrear la puerta de nuevo y, sin dar tiempo de que alguien respondiese, empezaron a gritar amenazas, a meterse con la madre que los parió y a decirles de todo menos bonitos. Querían su dinero, eso lo dejaron claro y con sólo ver el poema que tenían por cara los otros dos, se sabía que iban en serio.
A pesar de que su instinto era echarlos a patadas de su casa y que se las arreglaran solos, estaba claro que no podía dejarlos a merced de aquellos lobos, por lo que cerró a cal y canto la casa y se puso a pensar en un plan. Obviamente no podía llamar a la policía ni tampoco a sus padres. Sus hermanos le decían que se tranquilizara, que se cansarían y les dejarían en paz, pero el mayor quería cortar esto de raíz, no estaba dispuesto a que le arruinasen todos sus fines de semana ni que ellos acabasen tirados en una cuneta. Lo peor de todo no era que le debiesen dinero a un camello, sino que le debían dinero a un camello de la mafia, eso era imposible de esquivar por lo que decidió pagarles la deuda.
Sobre las cinco del día siguiente, los matones de la mafia volvieron a aporrear su puerta por décimo quinta vez, el hermano mayor abrió la puerta y, mirándoles fijamente a la cara, extendió su brazo el cual agarraba una bolsa con dinero. Decepcionados por no poder devorar a nadie, los lobos cogieron el dinero de su jefe y se largaron de allí.
El hermano mayor sabía que nunca se libraría de ellos siempre que viviesen en la misma ciudad y tuviesen un mínimo de contacto y esa última experiencia fue la gota que colmó el vaso: sin siquiera explicarles qué hacía, a dónde iba, ni por qué, cogió sus maletas, su pertenencias de gran valor, que cabían en una pequeña mochila y se largó de su casa. Años más tarde, cuando por fin decidió que era hora de volver a su hogar, sus padres le dieron la noticia: los lobos por fin comieron. 

20 de octubre de 2013

A contrareloj (II)

Se ha vuelto a quedar dormida; oyó el despertador, pero lo apagó sin darse cuenta. Se levantó tirando de su cuerpo, el cual pesaba una tonelada, y se arrastró hasta la ducha. Tras tirarse un rato bajo un chorro de agua ardiendo por fin pudo abrir los ojos. No se daba cuenta de que el tiempo corría y de que, en su caso, volaba. Mientras se preparaba el desayuno por fin vio que era demasiado tarde como para andar todavía en bata y empezó a correr: al igual que un torbellino, fue de un lado a otro de la casa buscando ropa limpia que ponerse y haciendo la mochila. No tardó mucho en “vestirse” pero el tiempo no perdona y ya eran las ocho y cinco. Echa una maraña salió de casa y llamó al ascensor pulsando una y otra vez el botón nerviosamente. No quería llegar tarde, este año no.
Al salir a la calle le golpeó el frío matinal en toda la cara, por suerte llevaba una chaqueta en la mano, pero con las prisas tan sólo pudo ponerse una manga. Corrió cuesta arriba, con los cordones enredándose entre sus pies, la mochila cayéndose de un hombro y la chaqueta del otro. Al final llegó sin aliento a la gasolinera, pero lo consiguió: las 8:07 y el coche todavía no había llegado. Respiró aliviada y terminó de arreglarse antes de que el coche llegase dos minutos más tarde.

A contrareloj (I)

Otra vez me he vuelto a quedar dormida y ahora tengo que correr para no llegar tarde a la gasolinera, pero mis ojos son incapaces de abrirse. Cual topo, arrastro los pies hasta el cuarto de baño y me doy una ducha abrasadora. Un poco más despejada después de la ducha salgo envuelta en la bata y me hago el desayuno, pero sin darme cuenta se me ha hecho demasiado tarde y ahora tengo que engullir las tostadas a toda prisa. Tampoco hay tiempo para contemplarse en el espejo o probarse veinte modelitos, así que cojo lo primero que encuentro y me lo pongo; termino de arreglarme cojo la mochila y salgo disparada por la puerta.

Por suerte vivo a menos de cinco minutos de la gasolinera, pero cuando uno tiene prisa los cordones de los zapatos se atan alrededor de tus dedos, no encuentras las llaves, te chocas con todo, el ascensor tarda un milenio en llegar, hay un vecino lento y pesado en la puerta y ningún coche se para en el paso de cebra. Las 8:07 y ni vista del choche, por fin voy a poder respirar y terminar de atarme los cordones, subirme los pantalones, ponerme la pulsera y el collar, recolocarme la camisa, meter el otro brazo en la manga de la chaqueta y peinarme el pelo con la mano. 

11 de octubre de 2013

El primer amor

Se quedó mirando cómo caía la lágrima por su mejilla; su rostro era impasible pero sus ojos ardían de ira. Max había conocido la amargura del amor, y clamaba venganza.

Nicholas acababa de cortar con ella tras dos años de relación, la cual, si le preguntabais a Max, antes de la ruptura, era maravillosa. Una pareja donde los dos se querían y se preocupaban el uno por el otro. Sin embargo, nada más lejos de la realidad; Max podía ver ahora cómo Nicholas la había tratado en este último año y medio, absorbiéndola, manipulándola y destruyéndola. Pero ese día todo cambió:

Max llevaba sospechando varias semanas de que Nicholas le estaba engañando y, una tarde que habían quedado, éste anuló la cita, como Max ya se encontraba fuera de su casa, decidió llamar a Bárbara, una de las pocas amigas que le quedaban, e ir al cine. Cuando llegaron, no vieron más que un montón de parejas súper acarameladas, pero, para desgracia de Max, una de ellas era Nicholas con una chica que, inmediatamente, se convirtió en la más guarra de toda la ciudad. Se acercaron a ello y Max explotó:

― ¡¿Qué haces aquí?!  ¡¿Y con ella?!

La chica se excusó, mirando a Nicholas como si Max no existiese y no fuera su novia.

― Ahora te veo. Cielo…

Para sorpresa de todos los que estaban mirando la escena, Nicholas no se disculpó, sino que, con la excusa de que quería conocer a gente nueva porque se estaba aburriendo en la relación, cortó con ella. La dejó, la abandonó, la tiró y la pisoteó. Cuando Nicholas terminó su penoso discurso, Max salió corriendo de allí, perseguida por decenas de ojos, abandonando a su amiga Bárbara y dejando caer los cachos de su corazón roto.

Se fue como alma que lleva el diablo al lugar más seguro de toda la ciudad: su cama. Llegó a su casa sin aliento, empapada en una mezcla de sudor y lágrimas y se enterró entre las sábanas. Lloró. Lloró y gritó hasta que le dolían la cara y la garganta. Cuando por fin perdió la voz, se levantó y fue al baño, abrió la puerta, y la imagen que vio nada más entrar le chocó tanto, que empezó a invadirla una rabia descomunal. Max se dio cuenta de que había estado saliendo con un déspota pretencioso que se había aprovechado de su amor incondicional (y tan incondicional). Pero a pesar de las ganas que tenía de devolverle la jugada, comprendió que, si seguía por ese camino, seguiría atada a él de por vida. Max decidió hacer lo más sensato de toda su vida: olvidarle. Pero aún hoy, años después de aquello, Max se sigue acordando de Nicholas y de todo lo que sintió por él.

El primer amor nunca se olvida, por muy doloroso que haya sido.

1 de octubre de 2013

El crepúsculo del presente

Nos negábamos a la llegada de las estrellas mientras perseguíamos al sol por el cielo; como las golondrinas al calor de la primavera. 
Las estrambóticas formas de las nubes evocaban los mejores sueños de los hombres, haciendo olvidar a cualquier temeroso los miles de kilómetros de vacío bajo sus pies. 
Volviendo a cielo abierto, el paraíso se cernía ante nuestras alas: pequeños y esponjosos islotes cubrían el grisáceo mar, mientras que, a lo lejos, un volcán en erupción se fundía con el grueso muro de fuego, que luchaba por no extinguirse. 
Un pequeño recuerdo; un rápido gesto con el dedo inmortalizaría las delicias de la naturaleza. El crepúsculo del presente. 
No queda más que esperar al futuro.

17 de septiembre de 2013

Bonito, bonito


Pues hoy traigo otra vez el blog de Yurika, que tiene ya ¡500 seguidores! Mi más sincera enhorabuena. Y no hay más que decir, bueno sí, que me encanta el banner del sorteo internacional *3* 

12 de septiembre de 2013

El cambio

Se miró al espejo como todas las noches, y reconoció que estaba sola. Indudablemente, su vida iba a cambiar, demasiados años habían pasado, todos llenos con las pesadas bromas del destino, pero ese año, ese golpe, ese error; fueron el primer paso. 
Estaba sola, sí. Pero era hora, la hora, de empezar de cero. Comenzar otra nueva etapa que poco a poco irían compensando el sarcástico humor de su sino. 
Es el cambio, es su cambio. 

Hay que echarle valor. 

10 de septiembre de 2013

¡Sorteo veraniego de Yurika!




La maravillosa Yurika me dejó un comentario avisándome de su sorteo veraniego y aquí lo traigo, pasaros para ver si os interesa, y sino seguidla, que tiene un blog muy chulo ;D